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viernes, 6 de diciembre de 2019

Columna: "Con papá en la popular"

"...a los niños, la policía no los revisaba antes de entrar al estadio. Era el blanco perfecto".

Escribe: Diego Samalvides
La semana pasada, mientras permanecía sentado en clase, leía unos poemas de Antonio Cisneros desde la última silla del salón. De un poema a otro pasé a leer una entrevista escrita en la que el poeta se confesaba hincha del club Sporting Cristal. Una serie de recuerdos me embargaron. Sentí que debía volver al estadio como cuando peleábamos la baja en el 2007. Papá y yo íbamos religiosamente todos los fines de semana junto a sus amigos, un puñado de exbarristas que dejaban la garganta en la tribuna de oriente. Antes el fútbol era una fiesta. Los bombos, las arengas deliberadas, las banderolas, los rostros pintados. El fútbol había perdido su gracia a raíz de las múltiples restricciones que se dispusieron en cuanto al acceso de objetos a los estadios. Recordé con gracia que papá tenía un amigo barrista al que le apodaban “Rompebanca” un hombre que, por su contextura colosal, era conocido, precisamente, por romper bancas. Era un buen tipo, pese a que las personas le tenían una mezcla de respeto y miedo por su imponente figura robusta. Una vez me regaló una máscara celeste de los “Power Rangers” por darles una mano con los juegos artificiales. Era pequeño, a los niños, la policía no los revisaba antes de entrar al estadio. Era el blanco perfecto. Me ataron todos los explosivos al cuerpo con el fin de que pudieran pasar desapercibidos. Tenía unos veinte kilos más. Parecía el hijo de “Rompebanca”.
Foto: Luis Miguel Flores
Mientras la profesora explicaba con gestos y ademanes el tema de la clase, yo solo pensaba en las memorias de aquella campaña con el Sporting. Le escribí a papá, le dije que quería ir al estadio y aceptó a mi pedido. Me dijo: “compra dos entradas para occidente”. A lo que respondí: “No, papá. Esta vez quiero ir a la barra, nunca hemos ido juntos”. Y era verdad, nunca habíamos ido juntos al extremo. Todos los partidos que frecuentábamos en antaño eran en calidad de espectadores parcos que observaban minuciosamente el partido como un rito estrictamente silencioso, con nervios y preocupación hasta el estallido de gol, el pico de éxtasis que nos conducía a abandonar los asientos y abrazarnos sudorosos. A lo que papá respondió: “Bueno, tendré que bajar mi level”. Enseguida compré dos entradas para la popular. Los días restantes al partido me la pasaba leyendo estadísticas, analizando videos de partidos pasados, goles, fallas en ofensiva, rivales. Los boletos se agotaron días después. La fiesta estaba garantizada. Hasta que llegó el día: domingo por la mañana. Me levanté, me puse la camiseta y enrumbamos al Gallardo. Siempre me sentí cómodo en los alrededores al Gallardo. Entramos al estadio temprano para ver a la reserva. Cuando llegamos ya iban ganando. El partido de la reserva terminó 4 a 1. Luego, dieron la vuelta: se lo merecían, habían campeonado, nuevamente. Durante el partido sufrimos, pero Lobatón nos devolvió la esperanza. Un viejo conocido. El gol estaba en la banca. Fue victoria bajopontina. Papá buscaba en la tribuna a sus viejos amigos entre otros jóvenes barristas de la nueva camada rímense. Esta vez no estaba “Rompebanca” ni “Peloduro” para meter miedo al rival. Estábamos los dos solos y las graderías repletas de hinchas desconocidos. Vi en sus ojos la añoranza de aquellos días como barrista, viviendo al límite, huyendo de todos lados, cantando en esa fiesta de papel picado, alegría e incertidumbre. Era mi primera vez en la tribuna popular del Alberto Gallardo y estaba con papá. Luego salió el sol, era necesario: había ganado el Cristal.

¡Fuerza Cristal!

lunes, 6 de marzo de 2017

A VOLTEAR LA PÁGINA LO ANTES POSIBLE

Sporting Cristal cayó de local por 4-1 a puertas de su debut en Copa Libertadores. El único tanto celeste lo hizo el peruano Horacio Calcaterra.

Foto: Juan Alcántara

Es que el fútbol es así, se tiene que reír de todo sin excepción. Está presente en resultados, jugadas y por ahí toques de suerte.
Inclemencia del sol en un horario que tiempo atrás no era tan fuerte como el de ahora. Las 11 de la mañana un horario clásico para todo hincha celeste pero que hoy, hay que tener más cuidado con el espectador que soporta las altas temperaturas y la fuerte radiación.

Vamos con el fútbol, comenzamos como siempre. Jugando con el balón al ras del césped, bien cuidado e intentando siempre la rotación del mismo como también de cada uno de los futbolistas en base a movimientos constantes.
Premio a ello el gol de un compatriota novel, Horacio Calcaterra. El buen Calca volvía al Gallardo con la estampa de ser más peruano que la papa y no ocupar ése cupo de extranjería restringido desde la Federación Peruana de fútbol.

¿Pero qué pasó después?
Seguidilla de encuentros, cansancio acumulado o ¿será el cambio brusco de nombres en el conjunto titular?
Difícil entender porque después del gol que normalmente es bálsamo para entablar mejor juego, se cayó repentinamente de nivel y actitud.
Pasar por una transición deprimente, de ser el líder del acumulado por puntaje y goles menos encajados a un pobre equipo sin sentido de reacción, realmente distinto a lo que se vio en las primeras fechas.
Hay responsabilidad en todos, alguien la tendrá que asumir porque así lo dicen los tablones de historia.
Hay muchos señalados, bien o mal. Por actuación por debajo, muy por debajo de lo que acostumbran a brindar (en la zona de calificación entramos detalladamente).

Se viene la copa, a un par de días nomas, esa copa donde somos aquel único representante. Digo único por envergadura de club grande, aquella copa donde hace buen rato se queda en la garganta la palabra "Clasificados".
Se viene Santos éste jueves con pocos nombres relevantes, al igual que Cantalao y miren qué pasó. Está claro que las historias son distintas y cada 90 minutos suelen cambiar, ese es el bendito fùtbol, porque si todo estuviese escrito, lo aburrido que sería. Pese a la derrota hay confianza y mientras la haya hay que luchar.

¡Fuerza Cristal!

lunes, 6 de febrero de 2017

SÓLO FALTÓ EL GOL

Sporting Cristal empató 0-0 frente a Unión Comercio en el inicio del Torneo de Verano. El cuadro celeste empezó bien pero con el correr de los minutos su juego se fue diluyendo.


Foto: Juan Alcántara

Sporting Cristal no pasó del empate por la primera fecha del Torneo de Verano y solo pudo quedarse con un punto en el Alberto Gallardo.

El torneo recién empieza, los jugadores salen de una dura pretemporada, así que por lo pronto es normal que el juego no tenga consistencia los 90 minutos. Eso le pasó a los celestes. El conjunto cervecero tuvo 15 minutos claros de buen juego, con llegadas claras al área de Comercio, sin embargo el último toque no contaba con la precisión que se necesita.

Diego Ifrán, el 9 que Chemo mandó a la cancha, por momentos se le vio muy solo, sin poder recibir balón alguno, por lo que tuvo que salir del área para tener más oportunidades, pese a eso poco o nada pudo hacer. Su juego se mostró casi desapercibido y por momentos se le encontraba desorientado, casi sin saber qué hacer.

En el segundo tiempo fue un poco más de lo mismo, Sporting Cristal empezó con ganas pero el fuerte sol que azotaba el Alberto Gallardo fue pausando el juego del último campeón peruano. En la vereda de al frente, el ‘diamante’ Julio César Uribe, se llevaba un punto muy importante a Moyobamba, defensivo o no, rateando o no, fue un negocio para él aguantar el marcador.

La próxima fecha Sporting Cristal viajará a Sullana para enfrentar a Alianza Atlético. El partido está pactado para el domingo a las 4:00 de la tarde (GolPeru).